La Fiscalía General de la República (FGR) enfrenta un sismo interno. Este martes se confirmó la renuncia de Ulises Lara López como titular de la Fiscalía Especial en Investigación de Asuntos Relevantes y vocero de la institución. El funcionario, una de las piezas más cercanas a la fiscal general Ernestina Godoy, deja el barco apenas medio año después de asumir el control de las investigaciones más sensibles del país. La versión oficial se limita al gastado libreto de los "motivos personales".
Lara López tomó las riendas de la Fiscalía Especial el pasado 1 de enero de 2026. En aquel momento, el funcionario presumió su nombramiento en redes sociales y prometió "trabajar por la justicia". Hoy, su salida intempestiva desata una tormenta de dudas sobre la estabilidad en la cúpula de la FGR y el verdadero trasfondo de su dimisión.
El paso de Ulises Lara por la procuración de justicia arrastra un historial de cuestionamientos. Antes de saltar a la FGR, fue el encargado de despacho de la Fiscalía de la Ciudad de México tras la salida de Godoy; un interinato duramente criticado por la fast-track obtención de su título y cédula profesional en Derecho, trámite exprés que levantó sospechas entre la oposición y la academia.
La renuncia ocurre en el peor momento posible. Fuentes periodísticas asocian su salida con la sacudida interna por el caso de Ismael "El Mayo" Zambada y otros expedientes de seguridad nacional, además de supuestas fracturas en el equipo de Godoy. Aunque la FGR calla y mantiene el hermetismo, el vacío de poder es real.
A estas horas, la Fiscalía no tiene vocero ni fiscal de Asuntos Relevantes. La FGR navega a la deriva en su comunicación y en sus casos más críticos, dejando una silla vacía que nadie sabe quién ocupará, pero que expone las costuras de una administración que empieza a agrietarse desde adentro.