La prepotencia y la impunidad de cuello blanco toparon con pared en la Ciudad de México. Un exalto directivo de Petróleos Mexicanos (Pemex) terminó tras las rejas luego de que las autoridades ministeriales cumplimentaran una orden de aprehensión en su contra por el delito de violencia familiar. El arresto del exfuncionario, cuya identidad se mantiene bajo reserva por el debido proceso, se dio tras la filtración en redes sociales de un video indignante que desnudó su verdadera naturaleza: agrediendo físicamente y sin piedad a su propia esposa al interior de su domicilio.

El material audiovisual, que se viralizó en cuestión de horas, provocó el repudio generalizado de la sociedad y encendió las alarmas de la Fiscalía General de Justicia de la Ciudad de México. La contundencia de las imágenes no dejó margen a la duda ni espacio para los influyentismos que en el pasado solían cobijar a los altos mandos de la paraestatal. Ante la presión social y las pruebas irrefutables, agentes de la Policía de Investigación actuaron con celeridad para localizar y capturar al agresor antes de que pudiera evadir la acción de la justicia.

Este caso demuestra que los cargos públicos y las chequeras abultadas ya no sirven de escudo para violentar a las mujeres en este país. El detenido fue trasladado de inmediato a un centro de reclusión de la capital, donde quedó a disposición del juez de control que decidirá su situación jurídica en las próximas horas. Mientras la defensa busca recovecos legales para sacarlo libre, la fiscalía asegura tener un expediente sólido para vincularlo a proceso de manera formal. La lección de esta jornada es clara, contundente y no admite interpretaciones: en el México actual, la violencia de género se persigue y se castiga, sin importar el apellido ni los viejos puestos de poder.