El terror del crimen organizado ahora llueve desde el cielo, obligando al Estado mexicano a desplegar toda su maquinaria bélica en los rincones más profundos de la Sierra de Guerrero. En una respuesta contundente y sin precedentes, fuerzas federales y estatales pusieron en marcha un agresivo operativo por aire y tierra en la comunidad de Guajes de Ayala, perteneciente al municipio de Coyuca de Catalán. El objetivo prioritario de este despliegue de alto impacto es recuperar el control de la zona de la Tierra Caliente y frenar de tajo una nueva y peligrosa modalidad de agresión que mantiene a la población civil bajo el fuego cruzado.

La movilización del Ejército Mexicano, la Guardia Nacional y la Policía Estatal no es una casualidad. La alerta roja se encendió tras la difusión de crudos testimonios y videos captados por los propios pobladores, quienes denunciaron el uso de aeronaves no tripuladas —drones comerciales modificados— para lanzar artefactos explosivos de fabricación casera directamente contra las viviendas y los caminos comunitarios. Estas tácticas de corte terrorista, atribuidas a las células delictivas que se disputan a sangre y fuego el control de la plaza y las rutas de trasiego en la región, sembraron el pánico colectivo y obligaron al gobierno a reaccionar con un estado de fuerza masivo.

Las operaciones en Guajes de Ayala implican el uso de helicópteros artillados para peinar las zonas montañosas y detectar las antenas y bases de control desde donde los criminales operan estos artefactos. En tierra, convoyes blindados avanzan sobre los caminos rurales para levantar barricadas e instalar puestos de control fijos que devuelvan un respiro de seguridad a las familias de la sierra. El mensaje de las fuerzas del orden es tajante: no se va a permitir que la delincuencia se adueñe de la soberanía nacional ni de los cielos de Guerrero. La cacería de los operadores de estos drones está en marcha, y la consigna es clara: neutralizar la amenaza antes de que la violencia aérea se extienda a otras regiones del país. Así se defiende el territorio, en una batalla donde la ley no puede permitirse dar tregua.