CDMX.- La economía mexicana registró una notable aceleración durante el segundo trimestre del año al alcanzar un crecimiento del 1.4 por ciento en su Producto Interno Bruto (PIB), cifra que duplica la media del 0.7 por ciento registrada por el conjunto de países del G20. De acuerdo con el informe coyuntural emitido por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), el comportamiento nacional repuntó de manera significativa tras la contracción del 0.3 por ciento experimentada en los primeros tres meses del periodo.

Panorama global y contraste entre las grandes economías


El dinamismo observado en México se dio en un contexto internacional caracterizado por la desaceleración generalizada del bloque del G20, motivada en gran medida por la fuerte caída del 4.8 por ciento en el PIB de Arabia Saudita a causa de un menor ritmo en el sector petrolero. En contraste con la tendencia recesiva de otras naciones, la economía mexicana se posicionó como el segundo motor con mayor ritmo de expansión entre abril y junio dentro de las potencias del grupo, siendo superada únicamente por la India, que registró un avance del 1.8 por ciento.

Proyecciones de la OCDE y desempeño interanual


En su balance de la primera mitad del año —previo a la entrega de las Perspectivas Económicas Intermedias con las estimaciones para el resto de 2026 y 2027—, la OCDE detalló que el PIB de la zona G20 creció un 3.1 por ciento en comparación interanual. En este rubro, las tasas más elevadas de crecimiento frente al mismo periodo del año anterior correspondieron a la India con un 8.1 por ciento, Indonesia con un 5.3 por ciento y China con un 4.3 por ciento.

Menor vulnerabilidad frente a la volatilidad petrolera


Analistas económicos señalaron que la contracción del mercado petrolero internacional tuvo una afectación moderada sobre la actividad productiva de México debido a la pérdida progresiva de peso que ha tenido dicho rubro en la estructura económica. La especialista en finanzas públicas Daniela Balbino detalló que la extracción de hidrocarburos representó apenas el 2.2 por ciento del PIB en años recientes, en comparación con el 5.6 por ciento que registraba en el año 2000, reduciendo sensiblemente el riesgo frente a choques externos en los precios del crudo.

Transformación estructural en los ingresos públicos


Esta disminución en la dependencia petrolera también ha impactado favorablemente la estabilidad de las finanzas públicas del país, donde la aportación de los ingresos por venta de crudo pasó de representar el 19.6 por ciento del total gubernamental en 2014 a situarse en un 12.2 por ciento entre enero y julio del presente ejercicio. Esta diversificación de las fuentes de ingreso presupuestario ha permitido amortiguar la volatilidad externa y sostener el repunte económico registrado en los indicadores nacionales.





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