Las calles de la capital del país volvieron a convertirse en el escenario de la exigencia social y el caos vial. En una acción directa y sin concesiones, integrantes de la comunidad trans y personas no binarias tomaron por asalto las arterias del corazón de la Ciudad de México. El contingente instaló un plantón indefinido y bloqueó de manera total la circulación en el estratégico cruce de las calles Bucareli y General Prim, justo a las puertas de la Secretaría de Gobernación. La demanda es una sola y no la van a negociar: la inmediata discusión y avance de la Ley Integral Trans.
El bloqueo no es un hecho aislado, sino el clímax de una serie de reclamos históricos por la falta de garantías legales y derechos fundamentales para este sector de la población. Cansados de las promesas de escritorio y la congeladora legislativa, los manifestantes decidieron estrangular la movilidad en una de las zonas más transitadas de la urbe para obligar a las autoridades federales a dar la cara. El plantón, reforzado con pancartas, carpas y consignas, ha dejado incomunicadas las oficinas gubernamentales, mientras el tráfico en los alrededores se convirtió en un auténtico dolor de cabeza para miles de automovilistas.
La tensión en el lugar se mantiene al límite. Elementos de la Secretaría de Seguridad Ciudadana implementaron cortes a la circulación y desviaciones urgentes, pero la capacidad vial de la zona centro colapsó en cuestión de minutos. Los colectivos advierten que no levantarán un solo pie del asfalto hasta que se instale una mesa de diálogo resolutiva con funcionarios de alto nivel que garantice el destino de la iniciativa de ley. El mensaje enviado desde Bucareli es contundente: la paciencia se agotó y la comunidad trans está dispuesta a mantener el pulso político el tiempo que sea necesario. La moneda está en el aire y la parálisis continúa.